En el Nr. 75 de Linux Magazine publica Kurt Seifried un artículo sobre seguridad informática de los sistemas de cámaras de videovigilancia que le deja a uno sin habla, o mejor dicho deslumbrado, como en esas películas donde el intruso se sirve de un laser o de cualquier otro truco (interferir la señal de video, poner un trapo encima del objetivo, etc.) para anular la visibilidad en el pasillo que lleva a la cámara acorazada del banco. En resumidas cuentas hay dos soluciones que pese a lo tecnológicamente puntero de las mismas, en realidad no son buenas ideas.
La primera consiste en instalar cámaras Wifi. Estos dispositivos son vulnerables a las técnicas empleadas para hackear routers inalámbricos, pudiendo su señal en teoría ser capturada desde cualquier ordenador portátil situado en las cercanías. Y en cualquier caso los malhechores y gamberros podrán anularlas fácilmente mediante un dispositivo emisor de interferencias wifi. El segundo pecado original consiste en instalar cámaras de videovigilancia IP, con un doble castigo: primero por no ser necesario, ya que lo que se ahorra en tendido de cables y tarjetas controladoras se gasta en el sobreprecio del dispositivo; y segundo, por el hecho esencial e inevitable de que al formar parte de una red, la cámara se halla expuesta a los mismos peligros que cualquier ordenador o impresora en entornos corporativos o domésticos. El tráfico de la misma, en este caso la señal de video con las imágenes captadas en la ubicación correspondiente, podrá ser capturado, bloqueado e incluso alterado por un merodeador para sus fines particulares.
Todo sistema de videovigilancia profesional deberá consistir en cámaras conectadas por cable a tarjetas capturadoras. Esto no excluye al cien por cien la posibilidad de sabotaje o intercepción, pero la hace más problemática al ser necesaria una manipulación directa del hardware, con los riesgos físicos y legales que ello comporta.
La posibilidad de alterar el flujo de señales generado por un sistema de videovigilancia plantea problemas de gran interés para la ciencia forense, sobre todo cuando empleando medios digitales se consigue alterar lo que en otras circunstancias habría sido admitido como evidencia clara por un tribunal. ¿Qué pasaría si un intruso, manipulando la imagen de la cámara por medios informáticos y en tiempo real, consigue borrarse a sí mismo de los monitores? Este supuesto no es tan teórico como podría parecer. Como prueba de ello tenemos el enlace a este asombroso video del proyecto “Diminished Reality”, incluido por Kurt Seifried en su artículo y desarrollado por los ingenieros Jan Herling y Wolfgang Broll del departamento de Realidad Virtual de la Universidad Tecnológica de Ilmenau.