Nuevas tendencias de diseño para la Internet del futuro

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En 1893 Frederick Jackson Turner presentó ante la Asociación Americana de la Historia un ensayo sobre el significado de la Frontera como fuerza impulsora de la formación de Estados Unidos. Lo hizo en un momento significativo: la expansión a lo ancho del continente norteamericano había llegado a su fin. El porvenir ya no pertenecía al colono ni al trampero, sino a los concejales de urbanismo, al mundo de los negocios, a los líderes del imperialismo y la reforma social.

Ahora mismo en las tecnologías de la información sucede algo parecido. Después de cuarenta años de desarrollo, que han tenido su momento estelar durante la última década, Internet está a punto de ser reemplazada por nuevos sistemas de redes de alta velocidad. El espacio de direcciones IP se agota. Los protocolos (más de treinta para mover datos, y otros tantos de seguridad) se amontonan desordenadamente formando, más que un sistema coherente, un collage anárquico de parches y módulos. El mayor problema lo constituye la inseguridad, que alcanza niveles de catástrofe mundial.

Lo que comenzó como una red nacional de Estados Unidos para compartir información entre centros militares y unas cuantas universidades no sirve para un planeta globalizado -cientos de países, millones de empresas, miles de millones de ciudadanos- con un tráfico de datos que crece exponencialmente y se sirve de las redes para una gran variedad de usos sociales, comerciales y administrativos. Por no hablar de las innovaciones del futuro, video bajo demanda, neveras capaces de hablar con sus dueños o alfombras que reciben la última oferta de la lavandería. De aquí a muy pocos años, según advierten algunos expertos, Internet puede hallarse al borde del colapso.

El diseño de una nueva Internet es algo de lo que se viene hablando desde finales del siglo pasado. Existe unanimidad en cuanto a que las nuevas redes han de ser más homogeneas, con mayores posibilidades de escalabilidad. También deberán estar diseñadas para soportar servicios e innovaciones técnicas que todavía no existen. Y sobre todo ser más seguras y menos vulnerables a ataques de delincuentes informáticos y script kiddies. Tal vez el usuario se vea obligado a renunciar definitivamente a algunos privilegios libertarios, entre ellos el anonimato. Este es el aspecto más comentado en una era de encendido debate en materia de seguridad y libertades civiles.

Hay varios enfoques. IPv6 no ha podido salir adelante por su elevado coste. En la actualidad diversos gremios, a ambos lados del océano, trabajan en la definición de proyectos. La Unión Europea no se quiere quedar atrás, y dispone de un sitio web para informar sobre el estado de sus trabajos en un campo en el que por razones geopolíticas no puede permitirse quedar rezagada. La primera Internet hizo del mundo un planeta estadounidense. La segunda también lo hará, a no ser que Europa intervenga activamente en la definición de estándares.

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