Riesgos para el usuario en los CDs y DVDs de las revistas

revistaUn conocido siempre se queja de que “Windows le funciona mal”. La máquina se cuelga en el momento más crítico, y el Explorador de archivos no deja de ponerle zancadillas cada vez que quiere copiar un archivo. Normal: dicho individuo es uno de esos hackers del e-mule que ridiculiza con saña la página Atrapado por tu moda, y aparte del sistema operativo tiene instalada en su ordenador una cantidad ingente de software que incluye dos suites para grabar DVDs, todos los codecs actualizados del pack Elisoft, los juegos de moda, Direct X, cuatro navegadores, un desinstalador, antivirus (¡Panda, por supuesto!), firewall, iTunes y los programas de servicio de un Jukebox Creative que compró el año pasado. Aparte de eso media docena de clientes de file-sharing -sin contar E-mule-, los drivers del joystick y una reliquia incomprensible que nadie excepto él sabe qué hace allí, en la última ranura de expansión: uno de los últimos winmodems fabricados por un oscuro siervo industrial de Microsoft en los últimos días del acceso a Internet mediante conexión telefónica. Por si no bastara, este antihéroe de la Sociedad de la Información acostumbra a probar el software que viene de regalo en las revistas que compra, instalando y desinstalando cosas constantemente. Cada cierto tiempo se ve obligado a formatear el disco duro y partir desde cero. Un fin de semana echado a perder. Pero, ¿cómo podría ser de otro modo?

Los CDs y DVDs con los que numerosas publicaciones obsequian al cliente en un intento de diferenciarse de la competencia suelen estar totalmente limpios de software maligno. Las editoriales saben lo que se juegan, y desde hace años se aplican los controles más estrictos. El problema es que con cada utilidad que se instala en un entorno Windows disminuye la estabilidad del sistema. El usuario no debería incluir en su ordenador todo lo que le ofrece su revista, ni siquiera lo imprescindible. Lo ideal sería no instalar nada, puesto que la mayor parte de todo ese software no le aporta ningún valor. Normalmente se trata de demos o versiones plenamente operativas, pero antiguas. Por supuesto que todos esos titulares en mayúsculas que dicen “¡Software por valor de 3.800 €!” han de interpretarse desde una postura de sano escepticismo.

La estrategia a seguir por un usuario que sabe es la siguiente: tras la instalación del sistema, su service pack de rigor, cortafuegos y antivirus ligero, inclúyase el Office (no la suite completa, sino solamente los programas que se vayan a necesitar) y utilidades básicas como el Nero o el CD Creator. Después de esto, nada más o únicamente lo imprescindible. Con una configuración de mínimos no tendrá que estar acordándose a todas horas de la familia de Bill Gates como un vulgar hacker del E-Mule. Y usted mismo se sorprenderá de lo bien que puede llegar a funcionar Windows XP.

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