¿Cómo podía saberlo Skynet?

terminator-4Los aficionados a la mitología Terminator se sienten decepcionados por culpa de un gravísimo defecto en el guión de la última secuela. La película comienza con una jauría de armatostes cibernéticos persiguiendo al protagonista principal, por figurar en una lista negra de la red informática Skynet. Pero esto es del todo inverosímil. Aunque las máquinas hubiesen podido intuir que John Connor, gracias al exitoso historial de acciones militares de su batallón, estaba destinado a convertirse en el líder mundial de la resistencia humana, Skynet no tenía ninguna manera de averiguar que Kyle Reese era su padre, ya que la acción del filme transcurre en 2018, cuando aun faltan diez o doce años para inventar la máquina del tiempo y enviar al primer T-800 con la intención de eliminar a la madre del protagonista antes de que este llegue a ser concebido. Mientras algunos incondicionales se devanan los sesos intentando hallar una explicación al problema, otros juran que no volverán a ver más películas de una serie cuyos guionistas han demostrado tener tan bajo concepto de la inteligencia del espectador.

Las películas del Terminator, con Schwarzenegger o sin él, son cultura popular en estado puro. El reflejo de la realidad social del momento en que fueron rodadas es tan nítido que algunos críticos las comparan con El Mago de Oz, legendario relato de L. Frank Baum que por debajo de su nivel interpretativo infantil oculta una parodia del conflicto económico librado entre partidarios del patrón oro y defensores del bimetalismo hacia el año 1900. En el futuro, quien quiera estudiar la historia de Estados Unidos a finales del siglo XX no puede dejar de ver Terminator 2 – El Día del Juicio Final. En esta película no hay ni una sola escena que no contenga una alegoría de los principales hechos económicos y sociales de su tiempo: el papel económico de la alta tecnología, la crisis de las industrias tradicionales, la liberación de la mujer, la lucha por los derechos civiles, la amenaza de la competencia japonesa y el N.A.F.T.A.

Consolémonos de esta charranada espacio-temporal con la intervención estelar de un joven intérprete (Sam Worthington) recién llegado a Hollywood, pero prometedor. A diferencia de la tercera y harto penosa secuela de la serie, intitulada La Rebelión de las Máquinas -cuyo significado político era más que evidente en el año 2003, época de guerras preventivas y capitalismo financiero desbocado-, T-4 Salvation prefiere apostar por una simbología más trascendente y con notas líricas, presentándonos al primer terminator existencialista y trágico (Marcus Wright), perteneciente al mismo linaje de ficción que la criatura de Frankenstein y Eduardo Manostijeras.

Volviendo a la inexplicable omnisciencia de Skynet, quizá el informático forense pueda acudir en auxilio del atribulado forofo de la serie Terminator explicando lo que pudo suceder. Entre las ruinas de un hospital psiquiátrico las máquinas debieron hallar un disco duro perteneciente al Dr. Silberman, reputado psicólogo criminalista incapaz de creer en cyborgs asesinos aunque los vea destrozando comisarías de policía, apaleando enfermeras o pegando tiros en un camposanto. Dicho soporte magnético contenía todos los informes correspondientes al caso Sarah Connor. Tras desencriptar y leer los archivos, Skynet se da cuenta de que allí puede haber algo más que simples desvaríos de una perturbada mental, y es entonces cuando decide montar su anacrónica operación de búsqueda y captura.

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