Por Dios, ¿Qué están haciendo con las pruebas?

Un dirigente de la Izquierda Abertzale me dijo una vez, en los tiempos de mayor rigor de la Ley de Partidos, que el Juez Garzón se había convertido en una minipímer, y que al paso que iba terminaría procesándose a sí mismo. Siendo justos y admitiendo que las condiciones en las que el polémico magistrado de la Audicencia Nacional se ve obligado a instruir sus sumarios no son las más adecuadas para un tratamiento impecable de los casos, el descuido y la falta de tacto de Baltasar Garzón tienen fama ya de muchos años a esta parte. Las escuchas telefónicas a los imputados del caso Gürtel son la gota que colma el vaso en un sainete donde los diferentes poderes del estado pugnan por ponerse la pierna encima unos a otros y terminan por tropezar patosamente con la cabina del apuntador. ¿Qué estado de derecho es aquel donde la defensa legal del acusado, al comparecer en el juicio, se entera de que su estrategia ya es conocida no solo por el Ministerio Fiscal, sino también por los círculos políticos y la prensa? El proceso jurídico se desvirtúa y pierde eficacia. Numerosas pruebas quedan invalidadas y los trámites se alargan considerablemente. Por no hablar de la vulneración de derechos fundamentales.

¿Y qué me dicen de las filtraciones? Imaginen a un parlamentario regional exhibiendo delante de ustedes un informe policial procedente de un sumario en fase de instrucción, y por lo tanto secreto. No podemos culpar al Sr. Angel Luna por su zafio gesto -siendo del PSOE se da por hecho que tiene licencia para cosas como esta-. ¿Ilegal? ¿Qué me dice usted? De ningún modo, ya que dispone de una coartada tan inatacable como bajuna fue la maniobra. Yo no lo he robado, me lo dejó un desconocido en el buzón. Sin embargo, aquí no se trata tanto de errores personales como de un fallo del sistema. O mejor tendríamos que hablar de un nivel deficiente de cultura legal en España. Resulta a veces inevitable que la ley se utilice con fines partidistas. Pero las pruebas son sagradas: no se las debe emplear como armas arrojadizas en la lucha de guerrillas para la conquista de una comunidad autónoma.

En fín, quedémonos con una lectura más pragmática:  ese informe policial exhibido triunfalmente por el Sr. Angel Luna procede de un pendrive USB incautado a los sospechosos de la trama Gürtel. Esto habla de la creciente importancia de la evidencia digital en la investigación, y de la necesidad de métodos, estándares y tecnologías para un correcto tratamiento de la misma. El sistema jurídico español no ha dedicado hasta la fecha suficiente atención a estos temas. Esperemos que en el futuro se lleven a cabo esfuerzos decisivos en este sentido.

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