La guerra del volumen

Alguna vez el lector se habrá encontrado con el hecho paradójico de que un CD audio de hace veinte años suena mejor que los de ahora, especialmente cuando compra una remasterización de temas antiguos. Las causas no son técnicas, sino de marketing, y tienen que ver con lo que melómanos e ingenieros de sonido llaman “la guerra del volumen” (“loudness war“). Las compañías discográficas compiten por lograr que sus discos suenen más alto que los de las demás, porque se ha descubierto que el volumen atrae a la clientela. Debido a la forma en que el oído humano responde a la distribución de frecuencias, una canción con un nivel de sonoridad ligeramente más alto es percibida en términos de “mejor sonido”. En otras palabras, para mejorar las ventas de una remasterización o un album nuevo, lo que se hace en el estudio de grabación es elevar el nivel de sonoridad a lo largo de toda la pista, lo cual produce una mayor potencia auditiva incrementando la energía total transmitida por el CD y por consiguiente la sensación de disfrute de los usuarios con oído poco educado -que constituyen una aplastante mayoría del mercado-. El problema reside en que el volumen de una grabación digital no puede elevarse más que dentro de unos márgenes dinámicos delimitados por el máximo absoluto de intensidad sonora, el “cero digital”, pico que marca el tope de volumen para toda la canción o pista del CD.

El aumento del volumen lleva a que determinadas zonas de la grabación se salgan de ese máximo, quedando cortadas –clips, o pérdida- y produciendo efectos que degradan la calidad del sonido: por ejemplo, se pierde el ataque de los instrumentos y se genera cierto grado de distorsión. Al reducir la distancia entre la intensidad del sonido más fuerte y la del más débil, tales manipulaciones por motivos de mercadología arruinan también una de las grandes ventajas del sonido digital: la enorme amplitud de su rango dinámico. Esto explica la paradoja a la que me refería al principio, de que discos antiguos suenen mejor que los nuevos, y que se hace patente en determinadas remasterizaciones de éxitos de los años 60, 70 y 80 (p.ej.: Sylvie Vartan, Beatles, Bruce Springsteen, Dire Straits) y en grabaciones nuevas (Shakira, Kelly Clarkson). Para saber más sobre la guerra del volumen recomiendo este artículo, abundante en ejemplos y explicaciones técnicas asequibles, en la página web de Jorge Otero, cantante y guitarrista de la banda Stormy Mondays.

El propio lector podrá comprobar por sus propios medios la calidad de su discografía, ripeando las pistas al disco duro y examinándolas con un editor de onda como Audacity. También puede servirse de este software para manipular el sonido en una forma parecida a como lo hacen los estudios, amplificándolo y produciendo clippings a placer. Escuche a través de unos auriculares el efecto sobre las pistas modificadas.

La guerra del volumen constituye un ejemplo más de la hipocresía de esas grandes compañías mediáticas que, con sus maniobras de presión sobre los legislativos de diferentes países -entre ellos España- parecen haber declarado una guerra sin cuartel contra las descargas ilegales, la Wikipedia y por extensión todo un estilo de cultura popular basado en el corta, pega y mezcla con herramientas digitales. A lo que se ve, ser dueño de la propiedad intelectual no solo le otorga a uno el derecho de enchironar piratas y abogar por la prórroga de los derechos hasta los 80 años o más, sino también a adulterar mediante manipulaciones digitales el género que algún día ha de integrarse en el patrimonio cultural de la Humanidad (dicho sea más por Vartan y Springsteen que por Shakira). Todo vale cuando eres grande o de la S.G.A.E. y se trata de extraer hasta el último céntimo del bolsillo del consumidor.

3 Responses to “La guerra del volumen”

  1. Molas Patxi, no tengo ni idea de tecnología pero siempre pensé que lo importante no es ser un entendido en algo si no saber rebuscar y leer a quienes sí lo son -como parece que es tu caso con la música-; este artículo ha sido muy instructivo. Gracias por informarnos y deshacer esa labor de “desinformación” de los mass media tradicionales.

    Voy a seguir leyendo tus artículos a ver qué más cosas interesantes comentas.

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