Hay un traidor dentro de mi chip

En la edición de octubre de la revista Investigación y Ciencia, tan mediocre como influyente, viene un artículo que da que pensar. Se titula “Microchips piratas” y está escrito por John Villasenor, un ingeniero electrónico que ha colaborado en el desarrollo de sistemas de radar para cartografía terrestre desde el espacio. La versión en inglés, publicada hace dos meses en la versión norteamericana, está disponible aquí. Por si no bastara con los virus informáticos, los microprocesadores y otros componentes electrónicos también se hallan expuestos a funcionamientos anómalos inducidos mediante modificaciones en su diseño. El problema se complica por culpa de la globalización. En la actualidad la fabricación de chips -para ordenadores, teléfonos móviles, maquinaria industrial, etc.- es un proceso complejo en el que intervienen numerosas empresas distribuidas en los cinco continentes. El diseño es modular, a base de bloques que se programan por separado y se ensamblan para ser comprobados en un simulador antes del montaje y la fabricación física del chip. En cualquiera de estas etapas resulta posible incluir funcionalidades parásitas que comprometan el funcionamiento futuro del chip. El desarrollo de conceptos y tecnologías de seguridad destinados a proteger la integridad del hardware constituye por tanto un importante reto de la industria electrónica.

En la era moderna la tecnología informática, más que la economía y el armamento -que en gran medida dependen de aquella-, constituye la principal baza del poder político. Los argumentos de Villasenor, al margen de la intención sensacionalista del artículo, tienen un peso tremendo no solo por la lógica en que están basados, sino a la luz de la experiencia histórica. La inserción premeditada de bugs y defectos retardados en el hardware ya se llevó a cabo de manera masiva hace nada menos que tres décadas a resultas del dossier Farewell, el cual habría inspirado un intento exitoso de sabotear la industria soviética a través de componentes electrónicos importados fraudulentamente por el Kremlin. De dichos sucesos existen algunas reseñas políticamente interesadas a través de publicaciones antisistema y la prensa del régimen comunista cubano. Conviene que el lector lea la fuente original expuesta en la página web de la CIA.

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