De pianistas y redes sociales

Escribir sobre la agonía de las discográficas -proceso que como todo el mundo sabe se ha visto intensificado por las descargas ilegales- no tiene a estas alturas mayor interés que el de completar el estudio de los efectos de Internet como agente disgregador de las estructuras económicas tradicionales en medio de una crisis financiera que parece no tener fin. Más ameno es hacerlo acerca de las estrategias aplicadas por algunas casas de prestigio como EMI, que se sirven del comercio electrónico y de los recursos de las redes sociales para reactivar un negocio por el que ya nadie parecía apostar, como es el lanzamiento de nuevos artistas de música clásica. Y no mediante productos tecnológicos como el SACD o el DVD audio, sino a través del propio factor humano, del talento en bruto, o mejor dicho, aquello que un buen comercial consiga hacer pasar por talento.

El caso HJ Lim es materia que sin duda tendrá su capítulo correspondiente en los manuales de Marketing del futuro. Una pianista coreana que con solo 24 años de edad -su fecha de nacimiento exacta es todavía un misterio- se atreve a ofrecer al mercado una integral de sonatas de Beethoven y una mecánica de interpretación diabólica, que al concepto típico de los solistas asiáticos (pasar por encima de las notas lo más rápidamente posible sin cometer ni un solo error) añade fuerza y rotundidad fáusticas y nada orientales.

La infraestructura de realización no es menos sorprendente: un piano -Yamaha- absolutamente indigno de cualquier sala de conciertos que se precie, pero capaz de aguantar un flujo musical incontenible en el que brillantez y superficialidad no son los únicos elementos dominantes, sino que hay algo más, un factor enigmático e imposible de definir, y que ha producido entre los críticos musicales una polarización como no se veía desde que Georg Cziffra recreó a Chopin en los años 50 del siglo pasado; videos emitidos por Youtube que en pocos días consiguen más de medio millón de visitas; oferta especial de lanzamiento del pack completo de 30 sonatas por 9,95 dólares en iTunes; una gira de conciertos por Europa y finalmente venta de los ocho CDs en cuatro estuches dobles (sí, policarbonato del bueno, con carpetillas y todo ello metido en cajas de cartón) al mejor estilo tradicional de las discográficas de la era analógica.

Si esto fuera obra de Google o Amazon no extrañaría, pero siendo EMI quien está detrás da que pensar, por mucho que esta compañía se haya significado en el empleo de Internet como canal de promoción y de ventas. La estupefacción de los melómanos ante este ataque por sorpresa contra su idolatrado Beethoven es tan grande como la del propio compositor si pudiera ver lo que han hecho con su música. En cualquier caso un signo de los tiempos, un aviso de las cosas que están por venir, de la decadencia de la economía tradicional, del poder de las redes, del triunfo de la cultura popular de masas y del mal gusto de un público fascinado por la velocidad y las emociones fuertes, en fin, del impredecible futuro en general. Fórmese el lector su propia opinión a la vista de uno de estos videos promocionales en Youtube:

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