Smartphones: hágase el aburrimiento

Quizá sea porque Steve Jobs ya no está ahí como fuente de inspiración y genio empresarial. Lo cierto es que la preocupante falta de entusiasmo de los parroquianos ante el lanzamiento del iPhone 5, nuevo producto estrella de la compañía de la manzana, parece ir más allá de un retroceso ocasional. Sin llegar a la decepción -no hay motivos para ello, pues los productos de Apple siguen siendo excelentes, con una calidad de primera, un diseño impecable y conceptos de ingeniería que se adelantan varios años a su tiempo-, existe sin embargo una sensación de tedio: mismo aspecto solo que algo más grande y más plano. Da la impresión de que en el mundo de la informática móvil, a una etapa inaugural caracterizada por las grandes invenciones, la originalidad y el marketing agresivo, está tomando el relevo otra en la que el aburrimiento, la pereza y la aversión al riesgo son notas dominantes.

Esta tendencia no solo afecta a Apple, sino también a sus competidores. Quien haya visto y tocado el nuevo Samsung Galaxy S III, por poner un ejemplo, no podrá evitar cierta perplejidad ante el contraste que supone un hardware excepcional (procesador de cuatro núcleos, pantalla de alta definición) y un diseño absurdo. La clientela habitual de la casa disculpa el recurso al policarbonato por razones prácticas, ya que se trata de un material ligero y muy resistente a rayaduras e impactos. Pero, ¿y ese contorno plateado que se estrecha en las esquinas dándole un acabado tan vulgar? ¿No podrían haberlo solucionado de mejor manera los ingenieros y diseñadores de Samsung?

Ellos probablemente sí, pero el departamento legal de la empresa no. En la competencia de Apple la causa del aburrimiento no está en la sequía de ideas ni en la muerte de líderes carismáticos, sino en el miendo a las demandas judiciales. Con la escena del smartphone entrando en una época de madurez y unos márgenes que se estrechan progresivamente, Samsung, HTC y otros no pueden permitirse el lujo de una nueva batalla legal. La culpa, en última instancia y al decir de algunas voces críticas, la tiene la legislación de patentes, que protegiendo no solo avances decisivos de la tecnología, sino en ocasiones bienes poco consistentes como el diseño de una esquina o el ruido de una moto, perjudica al consumidor e impide a este maximizar las utilidades marginales de su dinero en los productos y servicios que adquiere.

Para los forofos de Samsung, he aquí una comparativa del Galaxy S III en la página web de Xataka.

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